Me hace reflexionar sobre las víctimas del COVID. Como la tele nos va machacando continuamente con las cifras de muertos, en los que solamente importa si suben o si bajan, si son muchos o "sólo" un centenar, al final no le damos ninguna importancia (o cambiamos de canal hartos de escuchar desgracias o, por qué no decirlo, aburridos de la reiteración de la información) y, sobre todo, no vemos más que números, cuando detrás de cada uno de las decenas de miles hay una persona, con su familia, su historia, su vida...
Supongo que casi todos hemos perdido un familiar o un amigo cercano, y muchos han enfermado y, gracias a Dios, se han recuperado (por el foro hay algún ejemplo feliz de recuperación) Quizás debemos dedicar esta Navidad, que será tan triste alejados de parientes y amistades por culpa de las restricciones, para reflexionar sobre la fragilidad de la vida, su valor y el valor de las relaciones humanas. Y por qué no pedirle al niño Jesús y a la Virgen que nos protejan y que se acabe ya esta pesadilla. Pero yo soy muy pesimista, no sobre el final de la infección, que pasará, ni de los problemas económicos, que ya veremos si pasarán o no, sino sobre cómo nos dejará la experiencia como sociedad. Yo no creo que salgamos mejores, sino que, al contrario, una vez pase el susto, seremos más egoístas, más insolidarios y menos empáticos con el resto de las personas, sobre todo con los más débiles.
Pero hoy, un gran abrazo a todos los familiares de los enfermos y fallecidos, de COVID o de lo que sea, durante este desventurado año 2020.