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Santa Clara de Asís - VIII Centenario de su Consagración

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Juan Velita

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Pastorcillo

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"Tuus semper videns principium"
Santa Clara de Asís. VIII centenario de su consagración.

El próximo 17 de abril se dará inicio el VIII Centenario de la consagración de Santa Clara de Asís. Ese día dará comienzo un año jubilar para la II Orden Franciscana que concluirá el 11 de agosto de 2012.

Un breve recuento:

La noche del Domingo de Ramos de 1211, una joven noble de Asís huyó de la casa paterna para llegar a escondidas a la pequeña iglesia de la Porciúncula, (Asís), donde vivía Francisco con sus hermanos, con el deseo de seguir su ideal evangélico. Aquí, con el cabello tonsurado, comenzó una vida de penitencia y de consagración para entonces inusual y original.

El inicio de la conversión de Clara de Asís, se recoge todo en torno a este episodio. El tiempo penitencial de la joven asisiense continuará primero en el Monasterio de las Benedictinas de San Pablo de las Abadesas y en la Iglesia de San Ángel de Panzo, finalmente terminará su breve trayecto en la Iglesia de San Damián en Asís. Aquí Clara acogerá inmediatamente varias jóvenes del lugar, animadas por su mismo deseo, y muy pronto el movimiento involucrará mujeres de diversos estratos sociales de todo el continente europeo. La originalidad de la institución evangélica de santa Clara es notable, impresiona entre otras cosas que haya sido la primera mujer medieval en redactar una regla para mujeres. Por lo tanto, se trata de un movimiento de extraordinaria importancia para la vida de la Iglesia y del mundo.



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Juan Velita

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Infancia y adolescencia

1146-1177: Existen en Asís documentos relativos al abuelo de Clara, Ofreduccio de Bernardino, distinto de Ofreduccio de Bernardo, propietario de la casa junto a la catedral de San Rufino, que muchos llaman, equivocadamente, "casa de Santa Clara".

1182, enero-febrero: Nace Francisco de Pedro Bernardone i Pica

1193, antes: Madonna Hortelana, madre de Clara, peregrina a Tierra Santa

1193: Nace Clara de Asís, hija de Hortelana y de messer Favarone de Offreduccio de Bernardino.

1198: Tras la muerte del papa Celestino III y elección del joven Inocencio III, los burgueses y algunos nobles de Asís se liberan del dominio imperial e instituyen el Comune o régimen comunal. Las familias más nobles de Asís, entre ellas la de Clara, se refugian en sus castillos.

1200: Los nobles tienen que abandonar también sus castillos. La familia de Clara, que tiene siete años, se exilia en Perusa.

1202, noviembre: Batalla de Collestrada de Asís contra Perusa. Francisco (20 años), cae prisionero y permanece un año prisionero en dicha ciudad.

1203, noviembre: Tras un acuerdo de paz, Francisco y Clara regresan a Asís. Quienes la conocieron de pequeña hablan de sus excelentes virtudes.

1205, otoño: Comienza el proceso de conversión de Francisco.

1206, ¿enero?: Francisco, denunciado por su padre, renuncia a todo y se desnuda delante del obispo. Clara, con doce años, sueña con hacer lo mismo.

1206-1208: Francisco repara la iglesia de San Damián, y profetiza que allí surgirá un monasterio de señoras santas.


Conversión de Clara y fundación de San Damián

1210-1211: Francisco y sus compañeros se trasladan de Rivotorto a Santa María de la Porciúncula. Clara (17-18 años), por medio de una amiga, ayuda con limosnas a los que trabajan en la construcción de la casa de los hermanos. Rechaza a un joven que la pretende en matrimonio y lo anima a hacerse fraile. Su primo Rufino de Escipión de Ofreduccio se une al grupo de Francisco.

1211, invierno: Clara mantiene entrevistas secretas con Francisco, que la va preparando para abrazar la vida de pobreza.

1211, 28 de marzo: Domingo de Ramos. El obispo Guido, que debe de estar al corriente de sus planes, entrega personalmente a Clara una palma, símbolo del "martirio" que está a punto de abrazar.

1211, 29 de marzo: la madrugada del lunes santo se escapa de su casa y corre a la Porciúncula, donde la esperan Francisco y los suyos con antorchas encendidas. Ante el altar de la Virgen, el santo le corta sus rubios cabellos y recibe de ella la profesión de los votos de pobreza, castidad y obediencia. Ese mismo día la trasladan al monasterio de San Pablo de las Abadesas (Bastía), cerca de Asís. Su tió Monaldo y otros parientes tratan inútilmente de llevársela a casa. Inocencio III había concedido a este monasterio, en el 1200, un privilegio de "propiedad", para que nadie pudiese arrebatarles sus tierras. Clara, 16 años después, solicitará al mismo papa lo contrario, es decir un privilegio de "pobreza".

1211, 12 de abril: Clara es traslada de nuevo a otro monasterio, Santo Ángel de Panzo, en las faldas del monte Subasio.

1211, 14 de abril: Catalina de Favarone sigue a su hermana y se le une en Panzo. Se consagra al Señor con el nombre de Inés (fue canonizada igual que Clara). Poco después las sigue sor Pacífica de Guelfuccio, vecina y amiga de Clara.

1211, septiembre: se les une Bienvenida de Perusa. Por este tiempo ("apenas seis años después de la conversión de Francisco") se trasladan a la iglesia de San Damián, cuna de la Orden de las Clarisas. La iglesia se la cedió el obispo Guido, según un documento de 1253.

1212: Francisco consulta a Clara y a sus hermanas acerca de si debe dedicarse a la contemplación o a la predicación. Suele visitarlas con frecuencia y mantiene con ellas deliciosos coloquios espirituales.


Primeros monasterios de Damianitas fuera de Asís

1214: Balbina Offreducci, del cercano monasterio benedictino de Vallegloria (Spello), visita a Clara y se interesa por su forma de vida. Clara le envía a sor Pacífica por un año, para su formación. Será el primer monasterio de damianitas fuera de Asís. Fray Felipe Longo es el primer visitador de las hermanas.+

1214: Fray Bentivegna, uno de los hermanos que las atiende, es testigo del milagro del aceite.

1215: En Sanseverino Marche surge el monasterio de Colpersito, tal vez por interés de los frailes, mientras Francisco recorre el norte de España y Portugal (1212-1213). Al regreso lo visita, y obtiene la conversión de fray Pacífico.

1215, noviembre: El canon XIII del Concilio IV de Letrán prohíbe la aprobación de nuevas reglas.

1216, julio: Clara, no pudiendo ver aprobada su Regla compuesta por san Francisco, tiene que profesar la regla benedictina, que permite tener posesiones, y aceptar el título de abadesa. Pero consiguió de Inocencio III un "privilegio de pobreza", para que nadie pudiera obligarlas a tener rentas o propiedad alguna. Por estos años, antes de su viaje a Egipto, Francisco obliga a Clara a cambiar su jergón de sarmientos por uno de paja.

1216: Surge otro monasterio de damianitas en Carpello (Foligno).


Hugolino, protector de las Damianitas o Damas Pobres

1217, verano: El cardenal Hugolino se ofrece en Florencia a Francisco como protector de su Orden.

1218, pascua: el cardenal visita la Porciúncula y celebra la Pascua en San Damián. Regresa de nuevo a Asís para el capítulo de Pentecostés y se hace cargo de las damianitas, a las que llama "Damas Pobres". Por deseo de Francisco, el cisterciense fray Ambrosio, del séquito de Hugolino, sustituye a fray Felipe Longo como visitador de ellas.

1219, 19 de marzo: el cardenal recibe en nombre de la Iglesia, unas propiedades para la fundación del monasterio de Monticelli, en Florencia. Probablemente en la cuaresma de ese año Francisco residió allí y ayudó al cardenal a redactar unos estatutos para los monasterios inspirados en la forma de vida del monasterio de "Santa María de San Damián" de Asís. En los meses siguientes, Hugolino se hace cargo también de los monasterios de damianitas de Siena, Perusa y Lucca.


Francisco y Clara enfermos

1219-1220: Francisco va a Egipto y Tierra Santa. Fray Felipe aprovecha su ausencia para hacerse cargo de nuevo de los monasterios de damianitas. Regresa enfermo y delega el gobierno de la Orden en manos de fray Pedro Catani.

1220: Llega a Asís la noticia de la muerte de los cinco mártires franciscanos de Marruecos. Clara llora por ellos y expresa su ardiente deseo de ir también ella a dar testimonio de la fe con su vida.

1221: Deposición de fray Felipe Longo y nombramiento de fray Pacífico como visitador de las Damianitas.

1222: Francisco, enfermo y muy deprimido, visita a Clara y a sus compañeras y no se atreve a dirigirles la palabra. Se limita a sentarse en medio de un círculo de ceniza trazado en el suelo, mientras recita el salmo Miserere (Sal 51) antes de marcharse a toda prisa, sin pronunciar palabra. Clara se da cuenta de su drama y le manda un mensajero a decirle que desea hablar con él.

1223: Cuatro monjas de Florencia fundan en Milán. Por estos años surgen también los monasterios de Padua, Verona, Venecia, Teieto, Faenza, Todi, Città di Castello...

1224: Clara empieza a enfermar por sus excesivas penitencias y ayunos. Francisco y el obispo Guido II la obligan a comer siquiera un panecillo al día.

1225, enero-primavera: Francisco, tras su regreso de la Verna con los estigmas y enfermo de los ojos, yace en San Damián, fuera de la clausura, en una celda de esteras dentro de la celda de los frailes que atienden a las monjas. Allí compuso el Cántico del Hermano Sol y desde allí reconcilió al Podestá de Asís con el obispo Guido. Clara no pudo verle, pues también estaba enferma. Fue tal vez este mismo año y por esos días (en Semana Santa) cuando Clara tuvo una fuerte experiencia de la Pasión de Cristo. No volverá a ver a Francisco hasta después de muerto.

1226, finales de septiembre: Francisco yace enfermo en la Porciúncula y Clara, también enferma, teme morir antes que él. El santo, para consolarla, le envía un escrito para ella, manifestándole su última voluntad para ella y sus hermanas.

1226, 4 de octubre: El cortejo fúnebre da un rodeo y pasa por San Damián, para que Clara y sus hermanas puedan dar el adiós definitivo a Francisco. A través de la reja, abierta para la ocasión, pudieron ver y besar los estigmas que aún adornaban su cuerpo. La descripción del llanto de las damianitas es una de las páginas más hermosas y emotivas de la Vida Primera de Tomás de Celano, que presenció la escena.


Después de la muerte de San Francisco

1228: Tras su elección como sucesor de Honorio III (marzo), el cardenal Hugolino -ahora Gregorio IX- dirige una carta a las damianitas de Asís. Fray Felipe Longo recupera el oficio de visitador de los monasterios de damianitas. Sor Inés, hermana de Clara, se traslada al monasterio de Monticelli (Florencia).

1230-1234: Inés escribe una carta a su hermana, desde Florencia.

1231: Muere San Antonio de Lisboa o de Padua, junto al monasterio de las Damas Pobres de La Arcella.

1232: Fray Elías sustituye a Juan Parenti al frente de la Orden de los Menores.

1234: Primera carta de Clara a Santa Inés de Bohemia o de Praga.

1235-1238: Segunda y tercera carta de Clara a Inés de Bohemia.

1240: Los sarracenos del ejército de Federico II entran en el claustro de San Damián. Clara defiende el monasterio y a sus hermanas recurriendo a Cristo eucarístico.

1241: Las oraciones de Clara y sus hermanas libran a Asís del asedio de las tropas imperiales, dirigidas por Vidal de Aversa.

1241: Muere Gregorio IX (ex-cardenal Hugolino).

1245: Inocencio IV promulga una Regla para las clarisas.

1252: Ante las insistencias de Clara, Inocencio IV aprueba "su" Regla, basada en la que redactó Francisco para ellas en los comienzos. Cuarta carta de Clara a Inés de Praga.

1252, 25 de diciembre: Clara, gravemente enferma, no puede asistir a los oficios navideños de medianoche con sus compañeras. Se queja al Señor de su situación y ve realizado su sueño de seguir, a distancia, los cantos y la misa de Nochebuena celebrada por los frailes Menores en la Basílica de San Francisco.

1253, 9 de agosto: en vísperas de la muerte de Clara, Inocencio IV, que residía en Asís, en el Sacro Convento de San Francisco, aprueba con bula oficial la Regla de Clara.


Muerte y canonización de Santa Clara

1253, 11 de agosto: Muere Clara en San Damián, a los sesenta años, después de 42 años de vida consagrada y de encierro voluntario en dicho lugar.

1253, 12 de agosto: Inocencio IV preside los funerales y el traslado de su cuerpo a la iglesia de San Jorge de Asís, donde antes había permanecido el cuerpo de Francisco durante cuatro años, antes de su traslado definitivo a la Basílica levantada en su honor por Gregorio IX y fray Elías.

1255, 26 de septiembre: El papa Alejandro IV canoniza a Santa Clara en Anagni. Fue Tomás de Celano, probablemente, quién escribió por encargo del papa la vida de Santa Clara, como antes lo hiciera con la de San Francisco.

1260: Los restos de Santa Clara son trasladados a su lugar definitivo, bajo el altar mayor de la basílica construida en su honor, sobre los cimientos de la antigua iglesia de San Jorge, donde permanecía sepultada desde su muerte.

1958: Santa Clara es declarada patrona de la Televisión, en virtud de la visión de la noche de Navidad de 1252.

Fuente: fratefrancesco.org




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Cesar

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Pastorcillo

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Hola, realmente muy bonito tema tocastes, son dos personas, de las cuales nuestro Dios a echo grandes prodigios atraves de ellos, siendo ellos tan amorosos con Dios que han dejado todo...por aquel que el Rey y Señor por excelencia, el leido la vida de ellos y me han impactado la enseñanza que nos dejan,

Tanto asi que mis dos hijos (parejita) llevan el nombre de estos grande Santos. Y que bonitas imagenes, nunca las habia visto, y al verlas inmediatamente las asocie cada una con lo que he leido de ellos, dejo en claro asi como ellos nuestra iglesia esta llena de Santos en el cielo que han pasado por la tierra, Para alabanza de Cristo Jesus.


Juan Velita

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Pastorcillo

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Gracias César, san Francisco de Asís es un hombre extraordinario y a su sombra santa Clara, gracias de nuevo y felicitaciones por los niños y sus nombres. Saludos!

salomon

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Pastorcillo

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Este es un tme muy interesante, para quien quiera profundizar sobre la vida de Santa Clara y San Francisco en el youtube esta:

Clara y Francisco de 2007 que la segunda parte la ponen este sabado en 13tv a las 22:00.





Despues tambien esta Francesco de 2002 que esta subtitulada y es muy bonita.






Mañana 11 de agosto es Santa Clara pues pidamole al Señor por las vocaciones religiosas y que nos ayude a despreciar lo terreno como hizo Santa Clara, para solo pensar en lo eterno.

Un abrazo.







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barbarita

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Pastorcillo

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Juan, no había leído este tema, pero hoy que lo hice me quedé muy feliz al ver tantos datos sobre la vida de tan grandes santos, hace ya algunos años(y bastantes creo yo) cuando era alumna de secundaria en el colegio de las madres del Verbo Encarnado, leí un libro que me marcó grandemente, se llamaba: "San Francisco de Asís, siglo XIII" de la autoría de la condesa española doña Emilia Pardo Bazán. Fue maravilloso leerlo desde entonces he amado grandemente a san Francisco de Asís y a santa Clara. Como una señal para mí fue conocer al que ahora es mi esposo (se llama Francisco José) y cuando me pidió casarnos me enteré que su abuelita (que en paz descanse) era terciaria franciscana. Le agradezco tanto a san Francisco su bondad porque hemos vivido 20 años muy felices.
Tengo la fortuna de ser amiga de la comunidad de Clarisas urbanistas del monasterio de santa Isabel en México DF uno de mis niños hizo ahí su primera comunión, así que ya te imaginarás Juan, lo feliz que me hizo leerte a guisa de este tema. Gracias mil.

barbarita

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Pastorcillo

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Juan, no había leído este tema, pero hoy que lo hice me quedé muy feliz al ver tantos datos sobre la vida de tan grandes santos, hace ya algunos años(y bastantes creo yo) cuando era alumna de secundaria en el colegio de las madres del Verbo Encarnado, leí un libro que me marcó grandemente, se llamaba: "San Francisco de Asís, siglo XIII" de la autoría de la condesa española doña Emilia Pardo Bazán. Fue maravilloso leerlo desde entonces he amado grandemente a san Francisco de Asís y a santa Clara. Como una señal para mí fue conocer al que ahora es mi esposo (se llama Francisco José) y cuando me pidió casarnos me enteré que su abuelita (que en paz descanse) era terciaria franciscana. Le agradezco tanto a san Francisco su bondad porque hemos vivido 20 años muy felices.
Tengo la fortuna de ser amiga de la comunidad de Clarisas urbanistas del monasterio de santa Isabel en México DF uno de mis niños hizo ahí su primera comunión, así que ya te imaginarás Juan, lo feliz que me hizo leerte a guisa de este tema. Gracias mil.

belenpablo

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Pastorcillo

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Ubicación: ANDALUCÍA
Hola, me parece un tema muy interesante, sabes de alguna direccion web aparte de youtube, donde poder encontrar más sobre la vida de santa Clara?. un saludo y gracias

Juan Velita

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Pastorcillo

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Hola Barbarita, me alegra que te haya gustado, es una vida encantadora e igualmente la vida de Francisco. Un saludo!

Hola Pablo, gracias a ti. Te recomiendo los textos de Sor María Victoria Triviño, ella pertenece a la Orden de Santa Clara y sus escritos son bastante interesantes.También te dejo aquí algunos escritos de ella, son dignos de leerlos y conocerlos. Saludos!

http://fsi.voila.net/esp.ecritscl.htm

Juan Velita

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Pastorcillo

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Hola Salomón, si que me gustan, yo no puedo coger el canal para verla, y he buscado en los archivos del canal y no la encuentro. Un abrazo!

Bula de canonización de santa Clara - Alejandro IV - 26 de septiembre de 1255.

Alejandro, obispo, siervo de los siervos de Dios, a todos los venerables hermanos arzobispos y obispos establecidos en el reino de Francia: salud y apostólica bendición.


Elogio de la "claridad" Clara

Clara, preclara en claros méritos, brilla clara en el cielo con claridad de insigne gloria, y con esplendor y sublimes milagros en la tierra. Brilla aquí abajo la estricta y excelsa religión de Clara, irradia en lo alto la abundancia de su premio eterno y su poder deslumbra a los mortales con magníficos signos.

Esta Clara fue diplomada aquí con el privilegio de la máxima pobreza; en el cielo la recompensan con abundancia de inestimables riquezas; y los fieles católicos le rinden el más alto honor, con devoción cumplida.

Aquí, sus obras luminosas hicieron brillar a Clara. La plenitud de la luz divina la ilumina en las alturas. Sus espléndidos prodigios la esclarecen admirablemente ante el pueblo cristiano.
¡Oh Clara!, dotada de tantos y tales títulos de claridad. Fuiste clara de verdad antes de la conversión, más clara desde aquella hora, preclara en tu vida claustral y, finalmente, clarísima, una vez apagada tu vida en el tiempo.

A nuestro tiempo se le mostró en Clara un claro espejo de conducta; en el jardín celeste ella aporta el delicado lirio de la virginidad; por ella, en la tierra experimentamos la ayuda de los auxilios divinos.

¡Oh admirable y dichosa claridad de Clara! ¡Cuanto más es el amor y la atención con que se estudia esta claridad en los hechos concretos, tanto más luminosa la descubrimos en cada uno!

Brilló cuando vivía en el mundo, resplandeció aún más en la vida religiosa, en su hogar fue un rayo de luz, en el claustro, fulgor resplandeciente. Brilló en vida, resplandece radiante tras la muerte. Fue clara en la tierra, y en el cielo inmensa claridad.
¡Cuán viva es la fuerza de esta luz, y qué vehemente su claridad! Mas esta luz permanecía cerrada en el secreto de la clausura, e irradiaba fuera destellos luminosos; se recluía en el estrecho cenobio, y se difundía por todo el mundo. Se recogía dentro y se extendía fuera. Porque Clara moraba oculta, mas su conducta era notoria. Clara callaba, mas su fama era un clamor. Se recataba en su celda, mientras su nombre y su vida se pronunciaban en las ciudades.

Y no es extraño, pues una lámpara tan inflamada, tan reluciente, no podía quedar oculta sin iluminar y dar clara luz en la casa del Señor. Ni podía ocultarse un vaso de tales esencias sin emanar aromas, llenando de suave fragancia la casa del Señor. Es más, rompiendo en el angosto encierro de su celda el alabastro de su cuerpo, inundaba con los aromas de su santidad todo el edificio de la Iglesia.


Infancia y conversión

Siendo niña aún en la vida seglar, desde su más tierna edad buscó la manera de atravesar por un sendero de pureza este mundo frágil e impuro. Guardando el precioso tesoro de su virginidad con intacto pudor, se dedicaba asiduamente a obras de caridad y de piedad, de modo que su fama se extendía, agradable y digna de elogio, entre vecinos y extraños. Hasta que San Francisco, oyendo alabar su virtud, se puso a exhortarla, dirigiéndola al servicio perfecto de Cristo.

Y ella, siguiendo con diligencia sus santos consejos, deseosa ya de renunciar del todo al mundo y a los bienes de la tierra, para servir al Señor en pobreza voluntaria, puso en práctica enseguida su ardiente deseo. Y, por último, enajenó todos sus bienes y los repartió en favor de los pobres, para emplear en limosna, por amor de Dios, todas sus pertenencias.

Deseando luego retirarse del ruido del mundo, huyó a una iglesia rural, donde el mismo San Francisco le hizo la sacra tonsura. De allí se refugió luego en otra iglesia. Sucedió allí que, al querer llevársela con ellos sus parientes, ella resistió con fortaleza y constancia; se abrazó enseguida al altar y, sin soltar los manteles, descubrió ante ellos su cabeza rapada, para que viesen que no podía permitir que la arrancaran de servir a Cristo, habiéndose desposado, de todo corazón, con Cristo.

Por último, el mismo San Francisco la condujo a la Iglesia de San Damián, en las afueras de Asís, donde ella nació. Allí el Señor, deseoso de amor y culto perseverante a su nombre, le asoció muchas compañeras.

Aquí tuvo su saludable origen la noble y santa Orden de San Damián, extendida ya por todo el orbe. Aquí Clara, animada por el mismo San Francisco, dió comienzo y auge a esta nueva observancia. Ella fue el primero y seguro fundamento de esta excelsa vida religiosa, la piedra angular este encumbrado edificio.

Noble por su estirpe y más noble por su conducta, bajo esta regla de admirable santidad, mantuvo la virginidad que ya antes había guardado. Después, también su madre, llamada Hortelana -mujer entregada a obras de piedad-, siguió los pasos de su hija, profesó devotamente la vida religiosa en esta religión, y en ella acabó felizmente sus dias la muy hábil hortelana, que produjo tal planta en el huerto del Señor. Unos años después, la dichosa Clara, cediendo a las insistencias de San Francisco, aceptó el gobierno del monasterio y de las hermanas.


Virtudes y santidad de vida en el monasterio

Ella fue el árbol alto y esbelto, de ramas frondosas, que produjo frutos suaves de vida religiosa en el campo de la Iglesia, y a cuya sombra amena y deliciosa acudían en tropel de todas partes, y aún acuden hoy, muchas almas engendradas en la fe, a saborear tan dulce fruto.

Ella fue la mujer nueva del valle de Espoleto, que nos ha alumbrado una nueva fuente de agua vital, para refrigerio y beneficio de las almas; agua que, dividiéndose en arroyuelos por el campo de la Iglesia, ha hecho próspero el plantío religioso.

Ella fue el candelabro cimero de santidad que alumbra con vivacidad en el tabernáculo del Señor, a cuya luz esplendorosa acudieron, y aún se apresuran a venir muchas almas, a encender sus lámparas en esa llama.

Ella, ciertamente, plantó y cultivó en el campo de la fe la viña de la pobreza, donde se recogen frutos pingües y abundantes de salvación.

Ella dispuso en la heredad de la Iglesia su huerto de humildad, adornado de toda clase de pobrezas, donde florece abundantemente toda virtud.

Ella levantó en la ciudadela de la vida religiosa una fortaleza de estricta abstinencia, donde se suministra abundante comida de manjares espirituales.

Ella fue primicia de los pobres, guía de los humildes, maestra de los castos y abadesa de las penitentes.

Ella gobernó su monasterio y la familia que se le encomendó con toda discreción y diligencia, en el temor y servicio del Señor y en la perfecta observancia de la Orden:.

Vigilante en el deber, hacendosa en sus oficios, cauta en el exhortar, amorosa al amonestar, moderada en el corregir, con mesura en el mando, admirablemente compasiva, discreta en sus silencios, sensata en el hablar y hábil en todo lo relativo al buen gobierno, prefería servir antes que mandar, y honrar a las demás, antes que ser honrada.

Este estilo de vida era, para las demás, enseñanza y escuela de sabiduría. En este libro de vida aprendieron su regla de conducta, en este espejo de vida se miraron, para conocer el sendero de la vida.

Estaba, sí, con el cuerpo en la tierra, mas con el alma moraba en el cielo. Vaso de humildad, joyero de castidad, ardor de caridad, dulzor de bondad, vigor de paciencia, lazo de paz y comunión de familiaridad, afable en la conversación, dulce en la acción y en todo y siempre amable y agradable.

Y como quiera que uno se hace más fuerte cuando más domina a su enemigo, Clara, con el fin de vigorizar su espíritu abatiendo la fuerza de la carne, tenía por lecho el suelo desnudo o, a veces, unos duros sarmientos, y un duro leño como almohada para reclinar la cabeza. Se contentaba con una sola túnica y capotillo de paño basto, vil, áspero y vulgar. Con esta humilde indumentaria cubría su cuerpo, ciñendo, a veces, su carne desnuda con un áspero cilicio, tejido de cordelillos de crines de caballo.

Parca en el comer y sobria en el beber, era tal la austeridad de su abstinencia, que por mucho tiempo, tres días a la semana -lunes, miércoles y viernes- no probaba alimento; y aún los demás días lo reducía tanto, que sus compañeras se admiraban de que pudiera subsistir con un rigor tan excesivo.

Dada también a frecuentes vigilias y oraciones, dedicaba primordialmente a ello las horas del día y de la noche.

Aquejada, por último, de prolijas dolencias que no le permitían levantarse por sí misma para las ocupaciones domésticas, se incorporaba con ayuda de las hermanas y, recostada sobre almohadones, trabajaba con sus manos, a fin de no permanecer ociosa ni siquiera en las enfermedades. De ese modo consiguió que, de la tela de lino fruto amoroso de su labor y arte, se hicieran muchos corporales para el sacrificio del altar, y que los repartieran a distintas iglesias del valle y de los montes de Asís.

Amante singular y celosa cultivadora de la pobreza, tanto arraigó en su alma esta virtud, tanto se dejó llevar por el anhelo de poseerla, que la amó cada vez más firmemente, la abrazaba cada día con más ardor y jamás se separó por nada del mundo de su estrecho y gozoso abrazo. Y jamás nadie, de ningún modo, pudo convencerla para que aceptara que su monasterio tuviese alguna propiedad, por más que el papa Gregorio (IX) de grato recuerdo, predecesor nuestro, que deseaba abastecer al monasterio de lo necesario, estuviese dispuesto a dotarlo de posesiones suficientes y adecuadas para el sustento de las hermanas.


milagros, antes y después de su muerte

Y en verdad, puesto que una luz grande y clarísima no se puede ocultar sin que difunda su claridad, así la fuerza de su santidad resplandeció, aún en vida, con muchos y variados milagros.

En efecto, a una de las hermanas de su monasterio le devolvió la voz que había perdido casi completamente mucho tiempo antes. A otra, totalmente privada del uso de la lengua, la hizo capaz de hablar.

A otra le abrió al oído una oreja aquejada de sordera. Con una simple señal de la cruz curó a otra de la fiebre, a otra hinchada de hidropesía, a otra llagada con una fístula y a muchas otras oprimidas por diferentes males. Y curó a un fraile de la Orden de los Menores, enfermo de locura.

Una vez faltó completamente el aceite en el monasterio, y ella mandó llamar al fraile encargado de pedir limosna para el monasterio, tomó una pequeña vasija y, después de lavarla, la dejó, vacía, en la puerta del monasterio, para que el fraile la llevase consigo, para pedir aceite. Mas, cuando dicho fraile fue a cogerla, la encontró llena de aceite, concedido por gracia de la caridad divina.

Y también, otro día que no había más que medio pan para la comida de las hermanas, mandò que lo cortaran en trozos ylo dieran a las hermanas. Mas Aquél que es el pan vivo y da de comer a los hambrientos, lo multiplicó de tal manera entre las manos de la que lo desmenuzaba, que resultaron cincuenta trozos abundantes, que se repartieron entre las hermanas, que ya estaban sentadas a la mesa.

Por esos y otros admirables prodigios manifestó, aún en vida, la excelencia de sus méritos. Cuando ya se encontraba en las últimas, vieron entrar en el lugar donde yacía la sierva de Cristo una resplandeciente multitud de vírgenes santas adornadas con expléndidas coronas, entre las cuales una más majestuosa y bella que las demás. Llegaron hasta su lecho y, rodeándola, casi le dieron, con premuroso cuidado, alivio y consuelo.

Después de su muerte llevaron a su sepultura a un enfermo de mal pasajero, que no podía caminar, por la contracción de una pierna; y su pierna dió un sonoro chasquido allí delante, y quedó curado de ambos males.

Se vieron a personas con la espalda doblada, agarrotadas por la enfermedad, y a dementes furiosos, presa de ataques de locura, recuperar completamente la salud ante el sepulcro de Clara.

Uno que había perdido el uso de la mano derecha por un fuerte golpe recibido, hasta el punto de no poderla utilizar para nada, se curó completamente por los méritos de la Santa, recuperando su mano como la tenía antes.

Otro que había perdido la vista y estaba ciego desde hacía mucho tiempo, vino a la sepultura en compañía de otro, recuperó la visión y regresó sin necesidad de que lo guiaran.
Por estos hechos y admirables milagros, y por muchísimos más, esta dichosa virgen difundió luminosa claridad, de modo que se vio cumplida en ella aquella profecía que su madre oyó, según se dice, mientras rezaba, estando encinta de ella: que de ella nacería una luz tan grande que iluminaría todo el universo.


Canonización, fiesta e indulgencias

Alégrese, pues, la madre Iglesia, que ha engendrado y formado a tal hija, madre fecunda de virtudes, que ha engendrado con sus ejemplos a una multitud de alumnas para la vida religiosa y las ha formado a la perfección, en el santo servicio de Cristo. Se alegre también el pueblo fiel y devoto, porque el Señor y rey de los cielos ha introducido, con tanta gloria, en su altísimo y resplandeciente palacio, a su hermana y compañera, que él se eligió como esposa. Así como saltan de júbilo los coros de los santos, al celebrarse en su patria celestial las nuevas nupcias de la esposa del Rey.

Ahora, porque conviene que una virgen de Dios exaltada en el cielo sea venerada en la tierra, por la Iglesia universal, puesto que, tras una diligente y atenta investigación y examen riguroso de la santidad de su vida y de sus milagros, aunque sus claras gestas son ya bien conocidas en regiones de cerca y lejanas, Nos, con el consejo y el asentimiento común de nuestros hermanos y de todos los prelados que se encuentran actualmente en la Sede apostólica, fiados en la omnipotencia divina, con la autoridad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, y con la nuestra, determinamos inscribirla en el catálogo de las vírgenes santas.

Por tanto, os lo anunciamos a todos vosotros y os exhortamos expresamente, mediante estas cartas apostólicas, a celebrar con toda devoción y solemnidad la fiesta de esta virgen el 12 de agosto, y a mandar que la celebren vuestros fieles con la misma devoción, a fin de que podáis merecer tenerla ante Dios como vuestra buena y solícita protectora.

Y Nos, por la misericordia de Dios todopoderoso, confiando en la autoridad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, para que la multitud del pueblo cristiano acuda a su venerable sepulcro con más ardor y más numerosos, y su fiesta se celebre con mayor afluencia de gente, concedemos para cada año la indulgencia de un año y cuarenta días a todos aquellos que con humildad y devoción, bien contritos y confesados, se acerquen al sepulcro de esta virgen el día de su fiesta o también dentro de la octava, para pedir su protección.

Dado en Anagni el 26 de septiembre, en el año primero (1255) de nuestro pontificado”.

belenpablo

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muchasd gracias es muy interesante. un saludo

barbarita

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Pastorcillo

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Juanito, me acordé ahora que he estado leyendo tu post de santa Clara de un versito que aprendí en el colegio, pero ya no recuerdo el poema completo, tal vez tú lo conozcas:


" Y la virgen Clara,
doncella ideal,
será la otra vara
que brote al rosal,
la segunda Orden
vendrá a florecer,
para que a los cielos
suba la mujer...."


Ojalá la conozcas. Gracias, saludos afectuosos.
Cesar

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Pastorcillo

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Me gusta repasar algunos temas, y nuevamente encontr este, del cual me trajo a mi mente, que aqui en guatemala en los tiempos de la colonia vino un personaje muy querido hoy en guatemala:

Santo Hermano Pedro de San José Betancur (n. Vilaflor de Chasna, Tenerife, Islas Canarias, España) fue bautizado en la Parroquia de San Pedro de Vilaflor de Chasna el 21 de marzo de 1626, siendo sus padres Amador González Betancur y Ana García. Falleció en la Ciudad de Santiago de los Caballeros, hoy Antigua Guatemala, el 25 de abril de 1667). Religioso terciario franciscano español, Primer Santo Canario y Primer Santo Guatemalteco.

Personalmente me gusta la forma de vida que llevo para ser canal para Cristo, y asi llegar a todos en esa epoca...hasta lamer lo podrido para curarlos, mientras otros no los querian, cuentas las anecdotas.

Nuevamente, lindo tema.
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